
Un día me desperté edificio. Esa noche había dormido bien. Tenía los ojos como buhardillas. La boca era un balcón. Y me dolían las escaleras.
Escaleras abajo, justamente asomada a una ventana, te descubrí a vos. Yo pensé que habías desaparecido de mi vida y, sin embargo, ahí estabas, dando vueltas adentro mío.
Me enojé mucho. De mis chimeneas salía un espeso humo negro.
¿Cómo nadie te había visto?
En castigo, esa noche, MANDÉ EL CORAZÓN A
No hay comentarios:
Publicar un comentario